Ponte Vecchio, un icono de Florencia

Cuando se llega a la bella Florencia (Italia) lo primero que llama la atención es el repiqueteo constante y alegre de sus campanas. A cualquier hoa del días, las campanas no dejan de sonar en esta ciudad, considerada el más bello exponente del Renacimiento.

Dante, Miguel Angel, Donatello, Leonardo da Vinci, Giotto, Botticelli, Maquiavelo, Brunelleschi y tanto otros genios del arte y del pensamiento han inmortalizado esta ciudad.

El origen de Florencia fue etrusco. Posiblemente los romanos se le arrebataron a su propietarios, que le llamaban Fiesole, y la bautizaron con el nombre de Florentia. El tiempo le va dando golpes de suerte y de desgracia, pero su situación, sus fértiles tierras y sus comunicaciones al mar por la vía fluvial la mantienen siempre en la categoría de “pieza codiciada”.

De modo que los florentinos irán viendo pasar la Edad Media, la época de los emperadores carolingios, el marquesado de Matilde y, por fin, el señorío de los Médicis. Esta familia de banqueros y comerciantes de enorme influencia druante los siglos XIV y XV fueron los artífices de esta preciosa ciudad.

El célebre Ponte Vecchio, uno de los puentes más fotografiados del mundo, fue construido en el siglo XIV con la única función de servir para cruzar el río, y como las gentes que lo cruzaban eran normalmente soldados, pronto se asentaron en él los gremios de herreros, curtidores, carniceros o pesacadores.

Sin embargo, debido al mal olor, en 1595 los Médicis decretaron que se convirtiera en el enclave de pequeños talleres de orfebrería y joyería. El Ponte Vecchio, además de ser un ejemplar magnífico desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico, tiene la singularidad de ser en sí mismo calle, mercado y plaza, y también puede ser el punto de partida para recorrer Florencia.

Por último, antes de irse de Florencia, hay que degustar una típica comida florentina compuesta poar antipasti, bistecca alla florentina, chianti rojo y castagnaccio.

Foto vía Turismo Actual

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