monasterio d valaam

Retirado en las aguas septentrionales del lago Lagonda, entre San Petersbugo (Rusia) y la frontera finlandesa, el archipiélago de Valaam hace realidad un ideal espiritual de aislamiento. Remoto y tranquilo, el monasterio de Valaam es un remanso de una belleza cegadora bajo el cielo amplio y pálido del norte.

Se han registrado tan pocos datos de la historia de la issla que los orígenes del monasterior son un misterio. Algunas versiones aseguran que se fundó en el siglo X; pero otras dicen que tal cosa no sucedió hasta el siglo XV. No obstante, la mayoría coincide en que lo fundó san Sergio de Valaam, que había viajado desde Grecia con su compañero san Germán hasta este archipiélago tan particular.

El clima de la región es bastante crudo, pero en Valaam hace un poco más de calor que en las orillas de los ríos. Las islas son rocosas pero verdes, ya que están cubiertas de bosques de coníferas, y los monjes pudieron cultivar la tierra, y plantaron melones y calabazas en los jardines.

“Valaam” viven del finés y significa “tierra alta”; y desde los acantilados por encima del agua sorprendentemente azul, el monasterio da la impresión de ir a alzar el vuelo en cualquier momento. Las paredes de color rosa terracota dan paso a unos torrecillas blancas y a unas cúpulas de color azul claro con chapiteles dorados que se yerguen hacia el cielo. Los pinos rodean sus lindes y tiñen los edificios de un color verde oscuro.

En su interior, las salas son austeras. A los monjes, que llevan sotanas negras y sombreros altos con largos velos, se les despierta a las tres y media de la mañana y siguen una estricta rutina de oración y trabajos manuales.

Con un sentido parecido de la disciplina, el canto znammeni, por el que son conocidos los monjes, tiene una intrincada melodía que va creciendo como un zumbido parecido a un canto fúnebre. Los cánticos comunes, como “Oh, brillante luz de Valaam”, suelen hablar de la cualidad etéres de la luz que invade las islas.

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