Los acantilados de Etretat

Etretat es un pueblo situado en la conocida como “costa de Alabrasto”, al oeste de Dieppe y al norte de Le Havre, en la Normandía francesa. Se llega fácilmente en autobús, coche o tren desde Le Havre.

Sus altos alcantilados blancos, los Falaises d’Etretat, son tan conocidos para los franceses como los White Cliffs para los británicos. Su belleza resulta sobrecogedora y llaman la atención desde que uno los divisa a medida que se acerca  a esta costa del norte de Francia. Una auténtica maravilla de la madre naturaleza.

Durante el siglo XIX, muchos artistas se sintieron atrapados por la magia de estos acantilados. Víctor Hugo, Guy de Maupassant, Monet, Courbet, Degas y Matisse se enamoraron de Etretat. Actualmente, sigue siendo un destino turístico muy popular en verano. Durante el invierno, Etretat adquiere un tono más tranquilo debido a la menor afluencia de turistas.

El acantilado del oeste, el Falaise d’Aval, se ha convertido en un gran arco por la acción de las aguas del mar sobre estos suaves precipios de caliza. Se puede ascender hasta al cima por una senda y desde allí se obtendrá una vista fantástica de las formaciones rocosas, como L’aiguille (la aguja), una roca de 700 metros que se alza desde el agua.

En la cima del acantilado de este, el Falaise d’Amont, hay una pequeña capilla, y detrás de ella un museo y un monumento dedicado a los aviadores franceses, Coli y Nungesser, quienes intentaron cruzar por primera vez el Atlántico norte y desaparecieron en el mar en 1927.

Si aprovechamos la marea baja, podremos pasear por la orilla donde veremos criaderos de ostras del siglo XVII y pasar de una playa a otra cruzando los bellos arcos naturales. Otra opción es alquilar una caona y pasar por debajo de sus arcos naturales con la marea alta. Toda una experiencia inolvidable. Por supuesto, no se debe  olvidar jamás la cámara de fotos cuando se viaja a Etretat.

Foto vía Sobre Francia

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