La villa de Adriano y la villa d’Este

A unos 30 kilómetros de Roma, se encuentran dos preciosas villas con jardines que hay que visitar y disfrutar si uno viaja a la capital de Italia. Se llega fácilmente desde Roma en tren o por carretera.  Hay que pagar una pequeña entrada por acceder a estas villas romanas.

La villa de Adriano está en un espectacular estado ruinoso, pero aun así sigue siendo el mayor ejemplo de jardín romano. Construida por Adriano en Tivolí, cerca de Roma, a principios de siglo II, sus 30 edificios cubren unas 100 hectáreas de estanques, grutas y paisajes ingeniosamente creados.

Recrea a un paisaje sagrado que resulta inspirador, y que todavía se puede encontrar a pesar de que el cardenal Ippolito d’Este, el hijo de Lucrecia Borgia, saqueara gran parte del mármol para construir su propio jardín en la cercana villa d’Este en la década de 1550. Ambas vilals fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

El emperador Adriano se inspiró en sus largos viajes para el diseño de su palacio imperial. Combinando órdenes arquitectónicos griegos, egipcios y romanos, hizo que los preciosos edificios se convirtieran en una declaración personal, y muchos de ellos tienen un significado simbólico. Además del palacio residencial, se encuentran complejos baños, estanques, un teatro griego, un templo de Venus y barracones para la guardia imperial.

La Villa d’Este es otra obra maestra. El cardenal d’Este empleó a los mejores arquitectos, artistas e ingenieros para crear un palacio rodeado de un fantástico jardín en terrazas en el estilo manierista del último Renacimiento.

Adriano fue su musa, pero el cardenal aprovechó las tecnologías más recientes para su jardín de fantasía. Su fusión de elementos arquitectónicos y construcciones con agua (la secuencia de fuentes es magnífica) tuvo, y sigue teniendo, una enorme influencia en el diseño de paisajes europeo. Así, la villa ha sido celebrada en la poesía, la pintura y la música, como en la evocadora Les Jeux d’Eaux a la villa d’Este, de Franz Liszt.

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