El Museo del Louvre, un icono parisino

Una semana no sería suficiente para completar la visita al Museo del Louvre considerado como uno de los más vastos del mundo. Si uno viaja a París, debe visitar este museo sin lugar a dudas.

La historia del Louvre se inicia en 1190, cuando el rey Felipe Augusto mandó construir una fortaleza que protegiese París. El Museo Central de las Artes abrió sus puertas en 1793; la pirámide de vidrio fue inaugurada en 1989. Hoy en día, el Museo del Louvre se compone de ocho secciones, en las que se presentan 35.000 obras en 60.000 metros cuadrados.

La sección de antigüedades orientales cubre los países del Oriente Próximo y Medio, desde los primeros asentamientos de hace 7.000 años hasta el advenimiento del Islam.

No hay que perderse los toros alados de Khorsabad ni el capital de Apadana. La cultura egipcia se aborda de un modo temático y cronológico. Hay que ver el Escriba sentado y el busto de Akenatón. El arte griego está represenatdo por la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo. También hay ejemplos de arte etrusco y romano.

Las joyas de la corona son los esmaltes y orfebrería de la Edad Media y el Renacimiento y los magníficos de Napoléon III. Desde el arte romanto hasta las obras monumentales del siglo XIX, toda la escultura europea está representada en el Louvre, con la tumba de Philippe Pot, el Esclavo moribundo de Miguel Angel, el Milón de Crotona devorado por un león de Puget y los cabalos de Marly, en el patio Puget.

Además, en la Gran Galería se exhiben los primitivos de la pintura italiana y en la sala 6, La Gioconda. Al final, en el pabellón Fiore, la pintura española e italiana, con Murillo y Caravaggio entre otros. Además, en el segundo piso se exhibe la pintura francesa, con lienzos de G. de la Tour (El tramposo), Watteau ( Gilles), Ingres (El baño turco) y la pintura de las escuelas del Norte.

Foto vía Dos Digitos.com

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